101 Caballeros Andantes


Cuando fui al programa de televisión de Don Luis Conte Agüero (ese cubano magnífico), y le entregué “Caballeros Andantes, los 101 libros que todos podemos leer en esta vida”, de Alexis Ortiz, se quedó mirando las páginas como quien encuentra el tesoro al final del arcoíris y dijo: éste es un libro útil. Recordé las palabras con que Carlos Alberto Montaner inicia con fervor el prólogo del libro, se me vino a la memoria el adagio de Baltasar Gracián, “si lo bueno, breve, dos veces bueno” y quise parafrasearlo a guisa de inspiración: si lo bueno, útil, dos veces bueno.

 

Y de verdad que este nuevo ejemplar de Alexis (lleva doce más uno quijoteando en páginas impresas por lugares de la Mancha bibliotecaria), tiene varias virtudes que lo convierten en un hecho singular. Primero, que en esta cotidianidad en entredicho en la que una sucesión de acontecimientos vertiginosos convierten lo fugaz en valedero y la sucesión atropellada de hechos más o menos nimios dejan al espectador casi mudo de soledad, es de suyo importante que aparezca un mapa literario que nos guíe en el laberinto de nuestro apuro por paliar las urgencias domésticas, porque, sencillamente, mucha gente no busca tiempo suficiente para leer.

 

 

Pero no es éste un sucedáneo literario por salir del paso, por el contrario, pasearse por estas páginas resulta una invitación placentera a adentrarnos en el universo de la lectura, porque, una vez consultadas las notas de sabiduría que Alexis destila en cada tramo, no quedará más remedio que buscar más libros de los autores recomendados para, además de gozar su lectura, lograr un objetivo práctico y redentor, según palabras de Don Mario Vargas Llosa, que el autor hace suyas: “Se aprende a hablar con corrección, profundidad, rigor y sutileza, gracias a la buena literatura y sólo gracias a ella (…) Para formar ciudadanos críticos e independientes, difíciles de manipular, en permanente movilización espiritual y con una imaginación siempre en ascuas, nada como las buenas lecturas (…)”.

 

Otra virtud de estos 101 caballeros andantes es la reciedumbre conceptual que impera en sus páginas, quizá porque Alexis, siendo hijo de maestra, Edith Bravo, brava de estirpe y de conducta, quien no sólo se dedicó a enseñar sino a recoger muchachos “sin patria pero sin amo”, y, además, discípulo voluntarioso de nuestro primer presidente democrático, por más señas barco insignia de la literatura venezolana, Don Rómulo Gallegos, vive con el afán y la premura de dar lecciones, gracias a su vida de político que marcha a contracorriente de lo convencional y anda buscándole las cinco patas al gato para ser libre, incluso, hasta de sí mismo.

 

¿Virtudes? Sí. La de una escritura armónica, sosegada, luminosa, en perfecta correlación de fuerzas con la herencia que le viene de los grandes que se ha leído de manera exagerada, de los escritores que pusieron al mundo a dar vueltas sobre las páginas de los libros y que hicieron decir a Verlaine, el francés, que los poetas son la mejor voz de la tribu.

 

Y cabría decir que somos una tribu de expatriados que Alexis Ortiz convoca, como una de sus mejores voces, para celebrar la vida y pelear por la libertad que nos fue escamoteada, porque, como decía nuestro Quijote, angosto de cuerpo pero ancho de alucinaciones benéficas, que la libertad, querido Sancho, es el más preciado de los bienes. Amén.

 

Por Abel Ibarra

abelibarra@gmail.com

 

Be the first to comment on "101 Caballeros Andantes"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*